Equipo técnico-artístico
- Federico Gutiérrez
- Víctor Carbajal
- Cristian Stagno
Muchos vacunatorios del sistema público funcionaban en espacios relegados, poco jerarquizados o escasamente acondicionados dentro de los establecimientos de salud; en algunos casos, incluso en ambientes fríos, deteriorados o visualmente hostiles. Esta situación terminaba afectando la percepción social de la vacunación y profundizando el temor asociado al pinchazo, especialmente en niñas y niños.
Para transformar esa experiencia desarrollamos un programa federal de intervenciones ambientales que combinó diseño, narrativa visual, participación comunitaria, arte e instalaciones lúdico-educativas.
Las intervenciones ayudaron a disminuir la ansiedad asociada al momento de la vacunación, favoreciendo experiencias de espera más relajadas. Al mismo tiempo, permitieron jerarquizar los vacunatorios y fortalecer el rol de vacunadoras y vacunadores como actores fundamentales de la salud pública.
La propuesta tomó estratégicamente elementos culturales, símbolos identitarios y modos de vida locales para construir una imagen propia para cada vacunatorio, profundamente vinculada con su comunidad. Esta apropiación de referencias cercanas y reconocibles permitió transformar espacios anónimos o institucionalmente fríos en lugares con identidad, pertenencia y valor simbólico para quienes los habitan.
Las intervenciones abarcaban ingresos, salas de espera, boxes de vacunación y, en muchos casos, fachadas completas de los establecimientos de salud.
En los espacios de mayor visibilidad se desarrollaron murales con personajes representados a escala humana que, a través de globos de diálogo, nos cuentan qué vacuna van a recibir y qué enfermedades ayudan a prevenir. De esta manera, el Calendario Nacional de Vacunación se transforma en escenas cotidianas protagonizadas por niñas, niños, adolescentes, personas adultas y adultos mayores, representando las distintas etapas de la vida que este cubre.
Las ilustraciones incorporaban escenas, objetos, vestimentas y prácticas cotidianas características de cada región, construyendo entornos emocionalmente familiares que ayudaban a generar confianza y a proyectar una relación más positiva con la experiencia de la vacunación, presentada ya no como un acto individual, sino como una práctica colectiva de cuidado y protección mutua.
El sistema de ilustración fue especialmente desarrollado mediante dibujos lineales simples que permitían la participación activa de niñas, niños, familias y equipos de salud en la realización de los murales, transformando cada intervención en una verdadera construcción colectiva.
A su vez, se incorporaron instalaciones lúdico-educativas y juegos de exploración en salas de espera que ayudaban a comunicar la importancia de las vacunas, las enfermedades que previenen y el valor del cuidado mutuo. Estos dispositivos hacen más llevaderos los tiempos de espera —muchas veces prolongados y compartidos por familias completas— ayudando a canalizar la inquietud de niñas y niños y transformando la espera en un momento de juego, aprendizaje y sensibilización sobre la importancia de la vacunación.