Equipo técnico-artístico
- Federico Gutiérrez
- Cristian Stagno
- Víctor Carbajal
- Diego Ferrer
Experiencias inmersivas para diagnóstico pediátrico
La realización de estudios de resonancia magnética y tomografía computada puede generar miedo, ansiedad y altos niveles de estrés en pacientes pediátricos. El ruido de los equipos, la inmovilidad requerida y las características físicas de las salas convierten muchas veces la experiencia en una situación intimidante para niñas y niños.
Frente a este desafío, desarrollamos en el Hospital Garrahan un programa integral de intervenciones ambientales inmersivas para los servicios de diagnóstico por imágenes. A través de narrativa visual, escenografía y diseño espacial, transformamos el recorrido clínico completo —desde el ingreso al sector hasta la sala del procedimiento— en una experiencia de juego, exploración y descubrimiento.
Cada intervención propone un universo narrativo distinto donde niñas y niños dejan de ser espectadores para convertirse en protagonistas de una aventura. Así, el foco emocional se desplaza del miedo hacia la experiencia del relato, favoreciendo la calma, la colaboración durante el estudio y, en determinados casos, reduciendo la necesidad de sedación parcial o total, con el impacto clínico, operativo y económico que ello implica.
La experiencia comienza al final de un pasillo del sector de diagnóstico por imágenes, donde una puerta doble marca el límite entre dos mundos. Al atravesarla, el hospital queda atrás.
La niña o el niño ingresan en una selva exuberante que obliga a abrirse paso entre vegetación, criaturas inesperadas y sonidos lejanos. Al fondo aparece el mar, y con él una playa inmensa, un muelle y una nave imposible: mitad submarino, mitad colectivo.
Allí espera una capitana extravagante que saluda con alegría mientras invita a iniciar un viaje extraordinario.
La escotilla de esa nave es, en realidad, la puerta de ingreso a la antesala del resonador. Al atravesarla, no encontramos en el interior de un submarino fantástico. Cañerías, válvulas, tableros y dispositivos extraños construyen la sensación de estar viajando hacia las profundidades del océano. Un pulpo amistoso se asoma por una portilla para ofrecer trajes especiales, compartir un mate y dejar un mensaje tranquilizador: “Todo va a estar bien”.
Incluso la ventana de control donde trabajan los técnicos pasa a formar parte de la ficción y se convierte en el tablero de navegación de la nave. Un periscopio permite observar escenas que todos deseamos volver a ver: el instante exacto en que el “Dibu” Martínez estira el pie para detener una pelota de gol en la final del Mundial 2022.
Cada elemento del espacio deja de cumplir únicamente una función técnica para integrarse al relato, todo el espacio se reconfigura.
Cuando estamos listo, salimos del submarino, dando un paso a la sala de resonancia, que se ha convertido en el fondo del mar.
Grandes olas nacen desde el piso y se expanden sobre paredes y superficies, envolviendo todo el espacio en un universo submarino lleno de pequeñas historias por descubrir: un tesoro absurdamente argentino oculto entre corales (con copas del mundo), un gato incapaz de abandonar su instinto de perseguir peces aun debajo del agua, libros que liberan océanos enteros y personajes que transforman el asombro en juego.
En el centro de esta escena aparece el verdadero protagonista del viaje: El resonador deja de percibirse como una máquina médica para convertirse en “Nahuelito”: una enorme y amorosa criatura marina que espera silenciosamente para abrazar, proteger y acompañar a quien debe atravesar el estudio.
Los personajes, escenarios y recursos visuales de esta experiencia forman parte del universo gráfico desarrollado por el Programa de Comunicación Visual del Entorno del Hospital Garrahan.

